Viñeta de Fresno con motivo del estreno de La hoguera, drama en tres actos de Jardiel y Serafín Adame, que tuvo lugar en el teatro Infanta Isabel de Madrid el 30 de abril de 1925, con Eloísa Mariscal en el papel de Hortensia y Rafaela Montero en el de Margarita.
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martes, 25 de septiembre de 2012
lunes, 19 de septiembre de 2011
El truco de Wenceslao (Datos técnicos)
El truco de Wenceslao
Sketch lírico con música de Felipe Orejón.
Figura entre las obras de Jardiel en la Sociedad General de Autores.
Estreno: Por la compañía José Campúa en el teatro Romea de Madrid el 24 de diciembre de 1925
Intérpretes: Ramper, Lepe, las actrices Vázquez, Fontalba y González, y las chicas del Romea.
La crítica ha dicho:
1) “El truco de Wenceslao” es algo sensacional que puede ver en Romea por la compañía de “sketchs”. Ayer obtuvo un éxito clamoroso de libro y música. Jardiel Pomela [sic] y el maestro Orejón han acertado plenamente, y Ramper, Lepe y las chicas de Romea, deliciosos.
(El Imparcial, 25 de diciembre de 1925)
2) Jardiel Poncela y el maestro Orejón han obtenido un nuevo triunfo con el “sketch” El truco de Wenceslao, cuadrito sainetesco con mucha gracia y música castiza, en que Ramper y Lepe, en unión de las señoritas de conjunto, hacen las delicias de la concurrencia y se ganan a conciencia el pavo y el turrón.
(El Imparcial, 26 de diciembre de 1925)
3) El truco de Wenceslao es un verdadero sainete, sacrificado por su autor al reducirlo a las dimensiones de un sketch; bien es verdad que la generosidad de Jardiel obtuvo por parte del público la reciprocidad más halagüeña, pues subrayó con francas carcajadas los graciosos chistes que con abundancia esmaltan el diálogo, todo él ocurrente y chispeante. El maestro Orejón ha escrito cuatro números ligeros y agradables, que sirven perfectamente las situaciones del libro.
(La Voz, 25 de diciembre de 1925)
martes, 4 de mayo de 2010
Un piel roja
"Rick" es un piel-roja es una comedia humorística en tres actos que Jardiel escribió en 1927 y que no se llegó a estrenar, aunque se conserva el manuscrito original, al cual pertenece esta ilustración.
miércoles, 17 de marzo de 2010
El príncipe Raudhik - Datos técnicos
El príncipe Raudhik
Comedia policiaca en cuatro actos, escrita en colaboración con Serafín Adame.
Está al parecer influída por Mister Beverley, drama francés que había sido traducido por Emilio Thuillier y se había representado en el teatro Lara de Madrid en 1918 o 1919.
Figura entre las obras de Jardiel en la Sociedad General de Autores.
Estrenada por la compañía de Enrique Rambal en el teatro Trueba de Bilbao en 1919.
Posteriormente, en el teatro Zorrilla de Valladolid, el 5 de enero de 1920.
Se preparó más tarde el estreno en el Gran Teatro de Madrid, pero un incendio en el local frustró el proyecto.
La crítica ha dicho:
Esta vez ha sido un verdadero melodrama, bien trazado e ingeniosamente dispuesto, lo que nos ofreció Rambal, convertido en príncipe detectivesco que trabaja por su propio interés.
Ha sido ésta una de las obras más agradables, entretenidas y llenas de emoción que hemos visto en esta temporada policíaca, que aún nos guarda otro par de jornadas truculentas: la de hoy y la que mañana Rambal nos depare en su beneficio.
La obra de anoche gustó mucho, y el público aplaudió satisfecho a los autores y también a los actores, que la interpretaron por modo excelente.
(El Norte de Castilla)
Comedia policiaca en cuatro actos, escrita en colaboración con Serafín Adame.
Está al parecer influída por Mister Beverley, drama francés que había sido traducido por Emilio Thuillier y se había representado en el teatro Lara de Madrid en 1918 o 1919.
Figura entre las obras de Jardiel en la Sociedad General de Autores.
Estrenada por la compañía de Enrique Rambal en el teatro Trueba de Bilbao en 1919.
Posteriormente, en el teatro Zorrilla de Valladolid, el 5 de enero de 1920.
Se preparó más tarde el estreno en el Gran Teatro de Madrid, pero un incendio en el local frustró el proyecto.
La crítica ha dicho:
Esta vez ha sido un verdadero melodrama, bien trazado e ingeniosamente dispuesto, lo que nos ofreció Rambal, convertido en príncipe detectivesco que trabaja por su propio interés.
Ha sido ésta una de las obras más agradables, entretenidas y llenas de emoción que hemos visto en esta temporada policíaca, que aún nos guarda otro par de jornadas truculentas: la de hoy y la que mañana Rambal nos depare en su beneficio.
La obra de anoche gustó mucho, y el público aplaudió satisfecho a los autores y también a los actores, que la interpretaron por modo excelente.
(El Norte de Castilla)
jueves, 17 de septiembre de 2009
No se culpe a nadie de mi muerte - Datos técnicos
No se culpe a nadie de mi muerte
Juguete cómico en tres actos, escrito en 1928, en colaboración con el ventrílocuo Felipe Moreno.
Incorpora 28 versos alejandrinos seguramente del propio Jardiel.
Nº de personajes: 18 (7 femeninos y 11 masculinos) + dos voces y tres figurantes
[Segunda, Alberta, Cristina, Valentina, Hortensia, Inocencia, Palmira, Rosario // Botones, Monsieur Fernandez, Fotógrafo 1º, Fotógrafo 2º, Gastón, Narciso, Criado 1º, Criado 2º, Roberto, Exoristo, El Otro].
Escenario: Acto 1º, vestíbulo de un hotel a 60 kilómetros de San Sebastián. Acto 2º, terraza del hotel. Acto 3º, habitación del hotel y pasillo.
Época: La de su composición.
Secuencia temporal: Acto 1º, un día de septiembre, por la noche. Acto 2º, septiembre, a las 10 de la mañana. Acto 3º, mismo día, al declinar la luz.
Argumento: Un barón multimillonario hastiado de la vida desea suicidarse, pero todos sus
intentos fracasan por algún motivo. Se contrata a un asesino profesional para que pueda cumplir su deseo, pero conforme se ultiman los detalles el barón va teniendo más ganas de vivir y finalmente se evita la tragedia, de la que por cierto más de uno esperaba sacar tajada económica.
Comentario: Obra no tan desdeñable como podría pensarse, llena de detalles y situaciones de una comicidad más que notable. A destacar en especial la escena en que se discute acerca del método que empleará el asesino para acabar con la vida del barón. Los recursos humorísticos abarcan desde los clásicos juegos de palabras hasta la caracterización del personaje central, convertido en mujer durante buena parte del último acto, sin olvidar tampoco una ingeniosa escena en que, en un disco, un rapsoda recita unos versos de Hamlet, que parecen cobrar vida y referirse a lo que está haciendo uno de los actores. El personaje de El Otro, además, da lugar a abundantes y graciosos equívocos. Aunque no faltan tampoco algunos recursos un tanto rancios, como apagones de luz y balas perdidas. En definitiva, hay mucho más Jardiel del que parece, aun sabiendo que es imposible discernir qué parte de la obra la escribió él y cuál su colaborador.
Publicación:
- Ariza Viguera, M.: Jardiel Poncela en la literatura humorística española, Fragua, 1974, pp. 213-288.
La crítica ha dicho:
La mayor importancia de esta comedia radica en su argumento, pues sirve, si no de punto de partida, sí de base para muchos fragmentos de su novela Espérame en Siberia, ¡vida mía!, publicada un año más tarde. [...] Por supuesto, en la obra de teatro el argumento es mucho más sencillo y no tiene ninguno de los elementos eróticos que posee la novela, como tampoco hay que pensar en hallar la larga serie de viajes -cambios de escenario al fin y al cabo- que se dan en Espérame... Por otra parte, esta diversidad de escenarios novelescos y estos episodios amorosos hacen que el número de personajes sea mayor y tengan una personalidad más definida; sin embargo, la verdadera trama de la novela, lo que podríamos llamar su síntesis, está ya en No se culpe a nadie de mi muerte: Un personaje, cansado de vivir, proyecta suicidarse, fallan -por diversas causas- estos intentos y entonces surge un asesino para matarle, lo que hace que el protagonista, de repente, recobre el deseo de vivir, huya de esa muerte y encuentre el amor.
[...] Resumiendo: es una comedia bastante deficiente, anodina y cuyas virtudes -el tema del asesinato voluntario y unos cuantos diálogos y situaciones- están posteriormente recogidos en otros escritos de Jardiel. No añade, por lo tanto, nada nuevo a lo ya conocido, pero nos muestra la razón que Jardiel tuvo al rechazar estas obras que no podían significarle nada como autor teatral.
(Manuel Ariza)
Juguete cómico en tres actos, escrito en 1928, en colaboración con el ventrílocuo Felipe Moreno.
Incorpora 28 versos alejandrinos seguramente del propio Jardiel.
Nº de personajes: 18 (7 femeninos y 11 masculinos) + dos voces y tres figurantes
[Segunda, Alberta, Cristina, Valentina, Hortensia, Inocencia, Palmira, Rosario // Botones, Monsieur Fernandez, Fotógrafo 1º, Fotógrafo 2º, Gastón, Narciso, Criado 1º, Criado 2º, Roberto, Exoristo, El Otro].
Escenario: Acto 1º, vestíbulo de un hotel a 60 kilómetros de San Sebastián. Acto 2º, terraza del hotel. Acto 3º, habitación del hotel y pasillo.
Época: La de su composición.
Secuencia temporal: Acto 1º, un día de septiembre, por la noche. Acto 2º, septiembre, a las 10 de la mañana. Acto 3º, mismo día, al declinar la luz.
Argumento: Un barón multimillonario hastiado de la vida desea suicidarse, pero todos sus
intentos fracasan por algún motivo. Se contrata a un asesino profesional para que pueda cumplir su deseo, pero conforme se ultiman los detalles el barón va teniendo más ganas de vivir y finalmente se evita la tragedia, de la que por cierto más de uno esperaba sacar tajada económica.
Comentario: Obra no tan desdeñable como podría pensarse, llena de detalles y situaciones de una comicidad más que notable. A destacar en especial la escena en que se discute acerca del método que empleará el asesino para acabar con la vida del barón. Los recursos humorísticos abarcan desde los clásicos juegos de palabras hasta la caracterización del personaje central, convertido en mujer durante buena parte del último acto, sin olvidar tampoco una ingeniosa escena en que, en un disco, un rapsoda recita unos versos de Hamlet, que parecen cobrar vida y referirse a lo que está haciendo uno de los actores. El personaje de El Otro, además, da lugar a abundantes y graciosos equívocos. Aunque no faltan tampoco algunos recursos un tanto rancios, como apagones de luz y balas perdidas. En definitiva, hay mucho más Jardiel del que parece, aun sabiendo que es imposible discernir qué parte de la obra la escribió él y cuál su colaborador.
Publicación:
- Ariza Viguera, M.: Jardiel Poncela en la literatura humorística española, Fragua, 1974, pp. 213-288.
La crítica ha dicho:
La mayor importancia de esta comedia radica en su argumento, pues sirve, si no de punto de partida, sí de base para muchos fragmentos de su novela Espérame en Siberia, ¡vida mía!, publicada un año más tarde. [...] Por supuesto, en la obra de teatro el argumento es mucho más sencillo y no tiene ninguno de los elementos eróticos que posee la novela, como tampoco hay que pensar en hallar la larga serie de viajes -cambios de escenario al fin y al cabo- que se dan en Espérame... Por otra parte, esta diversidad de escenarios novelescos y estos episodios amorosos hacen que el número de personajes sea mayor y tengan una personalidad más definida; sin embargo, la verdadera trama de la novela, lo que podríamos llamar su síntesis, está ya en No se culpe a nadie de mi muerte: Un personaje, cansado de vivir, proyecta suicidarse, fallan -por diversas causas- estos intentos y entonces surge un asesino para matarle, lo que hace que el protagonista, de repente, recobre el deseo de vivir, huya de esa muerte y encuentre el amor.
[...] Resumiendo: es una comedia bastante deficiente, anodina y cuyas virtudes -el tema del asesinato voluntario y unos cuantos diálogos y situaciones- están posteriormente recogidos en otros escritos de Jardiel. No añade, por lo tanto, nada nuevo a lo ya conocido, pero nos muestra la razón que Jardiel tuvo al rechazar estas obras que no podían significarle nada como autor teatral.
(Manuel Ariza)
lunes, 7 de septiembre de 2009
La hoguera

Reseña del estreno de "La hoguera", un drama en tres actos de Jardiel y Serafín Adame, que tuvo lugar en el teatro Infanta Isabel de Madrid el 30 de abril de 1925, y del que se ofrecieron 3 representaciones.
domingo, 16 de agosto de 2009
La banda de Saboya - Datos técnicos
La banda de Saboya
Caricatura lírica de drama policiaco, en un acto y cuatro cuadros, en prosa, en colaboración con Serafín Adame, con música de José María Muñoz.
Figura entre las obras de Jardiel en la Sociedad General de Autores.
Estrenada por la compañía de zarzuela y ópera Lacalle-Aparici en el teatro Novedades de Madrid el 22 de octubre de 1922, bajo la dirección de Vicente Aparici.
Se dieron 13 representaciones.
Argumento: Obra del género policíaco, en la que se cultiva la nota cómica con chistes limpios, originales, de buena ley, a que dan lugar las situaciones por que atraviesa un “fresco” que tiene que meterse a ladrón para defender los garbanzos, sin sentir inclinación alguna a apoderarse de lo ajeno, pero obligado por el compromiso adquirido con una banda de malhechores de frac, que cae, al fin, en poder de la justicia gracias al valor y al ingenio de una distinguida señorita policía.
Comentario: Fue pateada rabiosamente, tal como nos narra el propio Jardiel:
“El pateo comenzó al pronunciar el actor, señor Aparici, la primera frase de la obra y ya siguió sin interrupción hasta el final. Uno de los espectadores fue aplaudidísimo por la exactitud con que imitaba el maullido del gato desde un palco de entresuelo. Cada escena era un mitin; cada número de música, un terremoto. Mi colaborador aparecía de vez en cuando en el escenario para preguntarme: “¿Qué? ¿Qué tal va?” Y yo le respondía: “Cada vez mejor. Ahora ya nos insultan”. Y volvía a quedarme solo con el autor de la partitura, que se tiraba fieramente de los bigotes. En el último cuadro, el aspecto de la sala de butacas era semejante a los salones del palacio de Godoy el día en que el pueblo entró a buscar la cabeza del favorito, y el autor de la partitura se había arrancado ya completamente la guía derecha de su bigote. Al bajar el telón definitivamente, todo el mundo lloraba. Entre el músico y yo tuvimos que consolar a los actores de la compañía. Mi colaborador había desaparecido. No volvió más por el teatro. Siempre he creído que murió en el tumulto.”
La crítica ha dicho:
Tiene la nueva producción cuatro cuadros y varios números de música bastante aceptable, de los que fue repetido un fox.
El público recibió con agrado la obra de los Sres. Jardiel y Adame, aplaudiendo en algunos momentos con entusiasmo y obligando al final a salir a escena a los autores, que ya han probado su ingenio en otras ocasiones, demostrando buenas aptitudes en el género cómico.
“La banda de Saboya” es una obra honrada, sin grandes pretensiones, en la que todos los personajes están trazados muy acertadamente.
Vicente Aparici, el excelente primer actor y director de Novedades estuvo muy gracioso y muy ajustado al papel, y con María Lacalle, que hizo a la perfección una encantadora dama policíaca, contribuyó al éxito, compartiendo los aplausos con ellos la Srta. Perales y los sres. Lorente y Atares muy justamente.
(Tarrero, La Correspondencia de España, 24 octubre 1922).
Caricatura lírica de drama policiaco, en un acto y cuatro cuadros, en prosa, en colaboración con Serafín Adame, con música de José María Muñoz.
Figura entre las obras de Jardiel en la Sociedad General de Autores.
Estrenada por la compañía de zarzuela y ópera Lacalle-Aparici en el teatro Novedades de Madrid el 22 de octubre de 1922, bajo la dirección de Vicente Aparici.
Se dieron 13 representaciones.
Argumento: Obra del género policíaco, en la que se cultiva la nota cómica con chistes limpios, originales, de buena ley, a que dan lugar las situaciones por que atraviesa un “fresco” que tiene que meterse a ladrón para defender los garbanzos, sin sentir inclinación alguna a apoderarse de lo ajeno, pero obligado por el compromiso adquirido con una banda de malhechores de frac, que cae, al fin, en poder de la justicia gracias al valor y al ingenio de una distinguida señorita policía.
Comentario: Fue pateada rabiosamente, tal como nos narra el propio Jardiel:
“El pateo comenzó al pronunciar el actor, señor Aparici, la primera frase de la obra y ya siguió sin interrupción hasta el final. Uno de los espectadores fue aplaudidísimo por la exactitud con que imitaba el maullido del gato desde un palco de entresuelo. Cada escena era un mitin; cada número de música, un terremoto. Mi colaborador aparecía de vez en cuando en el escenario para preguntarme: “¿Qué? ¿Qué tal va?” Y yo le respondía: “Cada vez mejor. Ahora ya nos insultan”. Y volvía a quedarme solo con el autor de la partitura, que se tiraba fieramente de los bigotes. En el último cuadro, el aspecto de la sala de butacas era semejante a los salones del palacio de Godoy el día en que el pueblo entró a buscar la cabeza del favorito, y el autor de la partitura se había arrancado ya completamente la guía derecha de su bigote. Al bajar el telón definitivamente, todo el mundo lloraba. Entre el músico y yo tuvimos que consolar a los actores de la compañía. Mi colaborador había desaparecido. No volvió más por el teatro. Siempre he creído que murió en el tumulto.”
La crítica ha dicho:
Tiene la nueva producción cuatro cuadros y varios números de música bastante aceptable, de los que fue repetido un fox.
El público recibió con agrado la obra de los Sres. Jardiel y Adame, aplaudiendo en algunos momentos con entusiasmo y obligando al final a salir a escena a los autores, que ya han probado su ingenio en otras ocasiones, demostrando buenas aptitudes en el género cómico.
“La banda de Saboya” es una obra honrada, sin grandes pretensiones, en la que todos los personajes están trazados muy acertadamente.
Vicente Aparici, el excelente primer actor y director de Novedades estuvo muy gracioso y muy ajustado al papel, y con María Lacalle, que hizo a la perfección una encantadora dama policíaca, contribuyó al éxito, compartiendo los aplausos con ellos la Srta. Perales y los sres. Lorente y Atares muy justamente.
(Tarrero, La Correspondencia de España, 24 octubre 1922).
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# Teatro repugnante
domingo, 9 de agosto de 2009
El príncipe Raudhik - Estreno
Reseña del estreno en Valladolid de "El príncipe Raudhik", de Jardiel y Serafín Adame, el 7 de enero de 1920.viernes, 7 de agosto de 2009
El vestido largo (monólogo)
El vestido largo
Escrito el 26 de marzo de 1920 para Amparo Robles, su primera novia, de aproximadamente 16 años, con motivo de su puesta de largo, y publicado en 1980.
Rosario es una muchachita de unos dieciséis años a quien, algo prematuramente, han puesto de largo sus padres. Está desesperada, con una rabia sorda y muda que la hace pegar en el suelo con el tacón de su zapatito; a pesar de eso, Rosario está sencillamente riquísima con su moño alto y su aspecto delicado de ingenua.
Sale por el foro, por la derecha o por la izquierda: la actriz elegirá la puerta más de su agrado, y con el entrecejo ligeramente fruncido le dirige al público esto que sigue y algunas cosas más.
Rosario.– (Muy compungida.)
El día, día fatal
en que la edad natural
me privó de ser lo que era
y pasé de tobillera
a ser persona formal
quedó grabado en mi mente
de un modo tan fehaciente
que aún recuerdo con horror
la llantina que el dolor
me hizo verter inclemente.
Pues como yo suponía,
esta estúpida manía
que tienen nuestros papás
nos daña bastante más
que daña una pulmonía.
(Dirigiéndose a las damas del público.)
Y, por si entre estas señoras
existen espectadoras
con posible descendencia,
les dicto con complacencia
las causas comprobadoras.
Yo de mí les sé decir
que en el modo de vestir
que adopta toda mujer
está, como van a ver,
la alegría del vivir,
pues yo, siendo tobillera,
tan alegre y feliz era
como ahora soy desgraciada
con esta moda endiablada
de muchacha casadera.
Llevando corto el vestido,
(Se sube un poquito la falda.)
suelto el pelo, y recogido
con bucles a los dos lados,
pecho y brazos descotados
con artístico descuido;
mostrando las pantorrillas
de los pies a las rodillas
calzadas en negras medias
(medias que enseñan a medias
las sonrosadas canillas)
y llevando con constancia
un aire de ingenuidad
y de supina ignorancia,
como acostumbra la infancia
a llevar en esa edad,
con un poco de fortuna
los hombres se van tras una
víctimas de un amor ciego,
sin perjuicio de que, luego,
como premio a su querencia
les dejemos a la luna,
a la luna de Valencia.
(Pausa.)
Y, pues queda demostrado
que la mujer ha soñado
siempre con verse asediada
por toda una carretada
de siervos que haya flechado
con la luz de su mirada,
nada mejor que esta edad
todo candor y bondad,
libre de toda inquietud
y llena de juventud,
de gracia y de libertad.
Porque, ¿qué mujer podría
cuando se sube al tranvía
(Con aire muy respetable.)
enseñar la pierna entera
con gentil coquetería
«si no fuese tobillera»?
¿Qué mujer habrá llegado,
viendo a un hombre de su agrado,
a sonreírle hechicera
con infantil desenfado,
«si no fuese tobillera»?
¿Qué mujer habrá podido
besar a algún conocido
en la calle, en plena acera,
libre de escándalo y ruido,
«si no fuese tobillera»?
¿Qué mujer, por fin, podrá
estar libre de mamá
para hacer lo que ella quiera
sin tacharla de ligera
ni aconsejarla papá
«si no fuese tobillera»?
Y la muchacha formal
tiene un aire señorial,
no ríe, no se divierte,
y, cuando en la casa advierte
algo que ella encuentra mal,
adopta un gesto estatuano,
riñe a los niños y a Blasa
–que es la criada– y se pasa
el mes junto al calendario
contando el gasto diario
y haciendo de ama de casa.
(Muy enfadada.)
Y yo por eso no paso,
prefiero mi libertad
a esa tonta seriedad
de la que nadie hace caso,
y como abjuro ese cargo
me declaro en rebeldía,
destrozo el vestido largo
y persisto en mi manía
de seguir mi vida entera
siendo –siempre– tobillera;
y en cuanto yo tenga hijas
les forzaré las clavijas
y... las vestiré de encargo,
que, aunque el trance sea amargo,
conseguiré lo que quiera
yendo yo de tobillera
y vistiendo ellas de largo.
(Hace un mohín de rabia y se va por donde entró; si el público la aplaude debe salir a saludar, si no se irá a su cuarto a vestirse de calle y yo la acompañaré en el sentimiento.)
TELÓN
Escrito el 26 de marzo de 1920 para Amparo Robles, su primera novia, de aproximadamente 16 años, con motivo de su puesta de largo, y publicado en 1980.
Rosario es una muchachita de unos dieciséis años a quien, algo prematuramente, han puesto de largo sus padres. Está desesperada, con una rabia sorda y muda que la hace pegar en el suelo con el tacón de su zapatito; a pesar de eso, Rosario está sencillamente riquísima con su moño alto y su aspecto delicado de ingenua.
Sale por el foro, por la derecha o por la izquierda: la actriz elegirá la puerta más de su agrado, y con el entrecejo ligeramente fruncido le dirige al público esto que sigue y algunas cosas más.
Rosario.– (Muy compungida.)
El día, día fatal
en que la edad natural
me privó de ser lo que era
y pasé de tobillera
a ser persona formal
quedó grabado en mi mente
de un modo tan fehaciente
que aún recuerdo con horror
la llantina que el dolor
me hizo verter inclemente.
Pues como yo suponía,
esta estúpida manía
que tienen nuestros papás
nos daña bastante más
que daña una pulmonía.
(Dirigiéndose a las damas del público.)
Y, por si entre estas señoras
existen espectadoras
con posible descendencia,
les dicto con complacencia
las causas comprobadoras.
Yo de mí les sé decir
que en el modo de vestir
que adopta toda mujer
está, como van a ver,
la alegría del vivir,
pues yo, siendo tobillera,
tan alegre y feliz era
como ahora soy desgraciada
con esta moda endiablada
de muchacha casadera.
Llevando corto el vestido,
(Se sube un poquito la falda.)
suelto el pelo, y recogido
con bucles a los dos lados,
pecho y brazos descotados
con artístico descuido;
mostrando las pantorrillas
de los pies a las rodillas
calzadas en negras medias
(medias que enseñan a medias
las sonrosadas canillas)
y llevando con constancia
un aire de ingenuidad
y de supina ignorancia,
como acostumbra la infancia
a llevar en esa edad,
con un poco de fortuna
los hombres se van tras una
víctimas de un amor ciego,
sin perjuicio de que, luego,
como premio a su querencia
les dejemos a la luna,
a la luna de Valencia.
(Pausa.)
Y, pues queda demostrado
que la mujer ha soñado
siempre con verse asediada
por toda una carretada
de siervos que haya flechado
con la luz de su mirada,
nada mejor que esta edad
todo candor y bondad,
libre de toda inquietud
y llena de juventud,
de gracia y de libertad.
Porque, ¿qué mujer podría
cuando se sube al tranvía
(Con aire muy respetable.)
enseñar la pierna entera
con gentil coquetería
«si no fuese tobillera»?
¿Qué mujer habrá llegado,
viendo a un hombre de su agrado,
a sonreírle hechicera
con infantil desenfado,
«si no fuese tobillera»?
¿Qué mujer habrá podido
besar a algún conocido
en la calle, en plena acera,
libre de escándalo y ruido,
«si no fuese tobillera»?
¿Qué mujer, por fin, podrá
estar libre de mamá
para hacer lo que ella quiera
sin tacharla de ligera
ni aconsejarla papá
«si no fuese tobillera»?
Y la muchacha formal
tiene un aire señorial,
no ríe, no se divierte,
y, cuando en la casa advierte
algo que ella encuentra mal,
adopta un gesto estatuano,
riñe a los niños y a Blasa
–que es la criada– y se pasa
el mes junto al calendario
contando el gasto diario
y haciendo de ama de casa.
(Muy enfadada.)
Y yo por eso no paso,
prefiero mi libertad
a esa tonta seriedad
de la que nadie hace caso,
y como abjuro ese cargo
me declaro en rebeldía,
destrozo el vestido largo
y persisto en mi manía
de seguir mi vida entera
siendo –siempre– tobillera;
y en cuanto yo tenga hijas
les forzaré las clavijas
y... las vestiré de encargo,
que, aunque el trance sea amargo,
conseguiré lo que quiera
yendo yo de tobillera
y vistiendo ellas de largo.
(Hace un mohín de rabia y se va por donde entró; si el público la aplaude debe salir a saludar, si no se irá a su cuarto a vestirse de calle y yo la acompañaré en el sentimiento.)
TELÓN
jueves, 6 de agosto de 2009
El truco de Wenceslao

El truco de Wenceslao, sketch lírico con música de Felipe Orejón, fue estrenado en diciembre de 1925.
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