martes, 14 de mayo de 2013

Historia de la taza y el paquete de café

Dos reputados jardielistas, algo gamberros, -uno que dice apellidarse Fernández Sández, prometedor autor teatral, y el otro quien estas líneas escribe, y que por tanto no requiere presentación- decidieron un buen día de octubre del año 2012 ir a visitar la tumba de Jardiel y –como si se tratase de un antiguo faraón egipcio- llevarle como obsequio un paquete de café y una taza para que el maestro del humor, tan aficionado como se sabe a tan exquisita infusión, pudiera deleitarse en sus ratos libres y hasta compartirlo, llegado el caso, con sus vecinos de nicho, entre ellos una marquesa que vive en el piso de arriba.
De esta forma, y tras adquirir sendos productos en un supermercado y en el célebre Café Gijón de Madrid, respectivamente –lugar éste último donde el genial humorista pasó tantas tardes y escribió no pocas de sus obras-, los dos jardielistas se presentaron, sin nocturnidad ni alevosía, en el ya mítico cementerio de Santa María, y luego de atravesar hasta el denominado Patio de la Concepción, depositaron sobre la repisa de su nicho ambos presentes, mientras la calavera del maestro sonreía allá en el fondo, diciéndose para sí que aquellos dos admiradores estaban verdaderamente chiflados, pero encantado y conmovido a su vez con tan espléndido obsequio.
Unos meses después, un fotógrafo llamado Julián del Nogal, inmortalizó para siempre aquel episodio, como puede verse en la imagen.



Obsérvese la taza con el logotipo del Café Gijón, y.... Pero, ¡UN MOMENTOOOOO! ¿qué pasó con el paquete de café? La versión oficial de los hechos, hasta donde hemos podido indagar, es que fue sustraído vilmente por algún visitante sin escrúpulos –hay que tener valor para robar a los muertos, aunque sea a los muertos inmortales, como es el caso de Jardiel Poncela-. Pero a nosotros nos parece mucho más verosímil y coherente -y por qué no, hasta romántica- la hipótesis de que haya sido el propio Jardiel quien, luego de degustar tacita a tacita la aromática infusión, se haya desprendido del paquete vacío para mantener limpia la entrada de su última morada.
Sea como fuere, la leyenda está ahí y la polémica está servida... como el café.

1 comentario:

Hilvanes y Retales dijo...

Ay, Juan... me he emocionado leyendo vuestra aventura... qué bonito... seguro que Jardiel disfrutó un montón con vuestra visita... a la próxima me apunto...