viernes, 29 de julio de 2011

Tú y yo somos tres - Datos técnicos


TÚ Y YO SOMOS TRES
Comedia psicoilógica en dos actos.

Nº de personajes: 15 (6 femeninos + 9 masculinos).
[Matilde, Manolina, Dominga, Feliciana, Úrsula, Benigna // Alberto, Rodolfo, Adolfo, Martínez Gon­zá­lez, Pajares, Gumersindo,  Lóriga, Rebollo, Raimundo].
Escenario: Salita en una casa de Madrid situada en la calle de Ferraz nº 47, 6º piso.
Época: Actual.
Secuencia temporal: Acto 1º, primavera, por la mañana. Acto 2º, una semana después, de día.

Sinopsis: Plantea un divertido caso de siamismo.
Argumento: Una mujer se ha casado por poderes con un hombre al que ha visto sólo por fo­to­­grafías. Cuando llega el día de conocerle en persona, descubre que está unido por el brazo a un hermano siamés y, en pleno delirio, trata de suicidarse tirándose por la ventana de su casa, aun­que milagrosamente salva la vida. La posterior separación física de los her­ma­nos, lejos de so­lu­cionar el problema, lo agrava, dando lugar a situaciones de gran comicidad.
Desarrollo de las escenas:
[Acto 1]
Manolina ha quedado colgada de la fachada de un edificio y los bomberos tratan de rescatarla. Colaboran también el personal doméstico, parientes, el portero de la finca, y hasta un periodista que pasaba por allí, pues ese mismo día hay un incendio enorme en otro lugar, que tiene ocupados a un montón de operarios. Entra Matilde, prima de la accidentada, y Raimundo, padre de ésta, dando ánimos pero sin arrimar el hom­bro. Matilde telefonea a Alberto, su novio, que trabaja en un hospital, para ponerle al corriente de la situación de su prima: se ha caído a la calle al sacar la jaula del loro, justo el día que llegaba su esposo de América, a quien aun no conoce, pues se han casado por poderes. El periodista aprovecha para tomar nota de todo. Entran a Manolina por la ventana, aun inconsciente. Raimundo quiere ofrecer un agasajo a los bomberos, que éstos no aceptan y se marchan. Surgen las dudas sobre si ha podido tratarse de un intento de suicidio. Las criadas corroboran la hipótesis, así como Alberto, que llega y reparte instrucciones a los presentes. Se interroga a las criadas y sabemos que Manolina ha ido a esperar a su esposo a la estación y ha vuelto desencajada y fuera de sí. Alberto sabe los motivos, pues el propio esposo, Rodolfo, ha hablado con él y está esperando en la calle. Hace prometer a todos que nadie va a contar nada, so pena de 'abrir' a quien lo haga. Desvela por fin que el esposo de Manolina tiene un hermano siamés. Revuelo general y preocupación por la suerte de Manolina, de quien todos dependen económicamente. Ésta por fin vuelve en sí y cuenta su desgracia al periodista, quien sin embargo ya estaba enterado de todo. Explica sus cir­cuns­tancias vitales desde la infancia, cómo conoció a Rodolfo y se casó con él sin haberle visto, cómo fue a es­perarlo a la estación, etc. Les anuncia su intención de ingresar en un convento y dejar su fortuna al cuerpo de bomberos. Consternación general ante este último anuncio. Empieza a tirar cosas por el ventanal y sale. Alberto ve un rayo de esperanza de que todo se arregle. Martinez sale a buscar a los siameses, que llegan moviéndose y hablando de forma idéntica. Presentaciones. Comentarios sobre su forma de vida y su intención de regresar a Chile. Manolina se desespera al ver que Rodolfo y Adolfo no son capaces de hacer nada por separado. Alberto propone separarlos mediante cirugía, y se los lleva a una clínica mientras los siameses están concentrados en la lectura de una novela policiaca.
[Acto 2]
Martínez llega a la casa y encuentra a todos alterados y a Rodolfo, ya separado de su hermano, en plena crisis de histeria y riendo. Gumersindo, el portero, toscamente disfrazado, se cuela también y conversa con Martínez sobre su reciente afición a las novelas de detectives. Cuando los habitantes de la casa se dan cuenta de la presencia del portero, se hacen los dormidos hasta que se marcha. Queda solo Martínez con Manolina, y ésta le cuenta que su esposo ha estado borracho sin beber, porque desde la separación las percepciones de los dos hermanos se han alterado, y el uno padece lo que le pasa al otro y viceversa. Y que Adolfo lleva una vida disoluta, de juerga en juerga. Además, aun separados, los hermanos hablan a medias y no se ponen de acuerdo. Entra Rodolfo, sonámbulo, seguido del resto de la familia. Martínez prueba a darle dos tremendas bofetadas, que Rodolfo no parece acusar, pues le han debido de doler al her­mano ausente. Despierta y conversa con ellos, pero su voz se entrecorta. Llega Alberto, que trae a Adolfo, también inconsciente. El portero trata de colarse en la casa de nuevo y es arrojado por la escalera. Hablan los dos hermanos a la vez y discuten. Entra el doctor Lóriga, que ha sido avisado anteriormente, y por su parecido con el portero, es también arrojado por error escaleras abajo. Quedan solos los dos hermanos, que siguen discutiendo, llegando a las manos, pero cada uno se pega a sí mismo para que le duela al otro. Traen a Lóriga maltrecho, y explica que va a someter a uno de los hermanos a sugestión mental para que cesen las interferencias de pensamiento y palabra. Gumersindo regresa disfrazado de doctor y lo con­fun­den con Lóriga, a pesar de lo cual tampoco consigue enterarse de lo que acontece, mientras que el expe­ri­mento funciona con éxito y los hermanos alcanzan por fin la separación total de las mentes.

Comentario: Comedia de puro entretenimiento, donde los recursos humorísticos son de lo más va­riado y sorprendente, empezando por el mismo planteamiento de la situación de base -el de los hermanos siameses-. Incluso la dramática escena del rescate con que se inicia la obra, lejos de producir angustia o preocupación, logra arrancarnos la sonrisa, debido a la forma en que Jar­diel la plantea y a cómo se desenvuelven los personajes. En ningún mo­mento se pierde el in­te­rés, y las situaciones cómicas fluyen sin pausa a lo largo de los dos actos. Excelentes son los juegos de palabras, en especial el que construye con 'las horas' y 'las gotas' que una paciente ha de tomar como medicamento. Y en medio de ese tono desen­fa­dado que caracteriza toda la pieza, no falta el momento apto para la lírica, cuando la pro­ta­gonista describe los efectos del amor y se lanza a unos largos parlamentos llenos de poesía, con los que su autor de­muestra un ver­da­dero dominio de la técnica del monólogo.
Hay personajes bien construidos: Gumersindo, Martínez, Dominga, o el mismo Rodolfo, y otros, como Úrsula o Matilde, que pasan sin pena ni gloria. De Raimundo quizá también ca­bría es­perar algo más durante el segundo acto. Y cómo no, para la galería de médicos se incorporan dos nuevos miembros, que por esta vez resultan bastante competentes, caracte­rística sin em­bargo poco frecuente en las comedias de Jardiel.
Quizá no resulta creíble que los dos hermanos hayan permanecido 30 años unidos única­mente por el brazo, o que su presencia se quiera ocultar para evitar el acoso de la prensa. En cambio, las consecuencias mentales de la separación de los siameses es un asunto tratado de forma ma­gistral.
En suma, se trata de una comedia ingeniosa, amena y brillante.

Estreno: Por la compañía titular en el teatro Infanta Isabel de Madrid el 16 de marzo de 1945, al­canzando las 100 representaciones. Y posteriormente en Barcelona (teatro Barcelona), el 13 de junio de 1945.
Reparto: Irene Caba Alba (Dominga), Remedios Albelda (Feliciana), José Mª del Val (Martínez Gon­zález), Isabel Ortega (Úrsula), Milagros Sánchez (Benigna), José Mª Yols (Pajares), Francisco Alarcón (Gumersindo y Lóriga), Rafael Torres Esquer (Rebollo), Emilio Gutiérrez (Raimundo), Purita Martínez (Matilde), Isabel Garcés (Manolina), Luis García Ortega (Alberto), Ángel de Andrés (Rodolfo), Gregorio D. Valero (Adolfo).
Crítica del estreno: El público rió 109 veces en el primer acto y 66 en el segundo. Los aplausos sonaron 3 veces durante el estreno.

Otros montajes posteriores:
- 1963: Lugo. Compañía “La Farándula” (aficionados).
- 2 abr 1972. Teatro Arniches. Dirección: Ramón Ballesteros. Decorados: Jesús Quirós. Intér­pre­tes: Mer­cedes Lezcano, Carmen Lozano, Terele Pávez, Rocío Paso, Teófilo Calle, Luis Barbero (Gumersindo y Lóriga), Miguel Armario, Luis Varela, Antonio Vico, Gui­llermo Montesinos, Alicia Hermida, etc.
- 3 mar 1992: Teatro Albéniz. Dirección: Ángel Ruggiero. Escenografía: Ramón Sánchez Prats. Intér­pretes: Natalia Dicenta (Manolita), Ángel de Andrés López (Martínez González), Paco Peña (Raimundo), Gaspar Cano (Alberto), Victoria Enguidanos (Matilde), Ángel Pardo (Ro­dolfo), Paco Barbero, Mercedes Alabau, Isabel Carmona, etc.
- 14 jul 2004: Jardines del Galileo. Dirección: Manuel Canseco. Intérpretes: Luis Varela, Paco Racionero, África Gozalbes, Paco Hernández, Joan Llaneras, Paloma Paso Jardiel, Cristina Pa­lomo, Sergio Otegui, etc.

Adaptaciones cine:
Tú y yo somos tres (1961). Dirección: Rafael Gil. Guión: Rafael García Serrano. Intérpretes: Analía Gadé, Alberto de Mendoza, José Rubio, Is­mael Merlo, Katia Loritz, Licia Calderón, José Luis López Vázquez, Ma­nolo Gómez Bur, José Isbert, Ángel de Andrés, Gracita Morales, Julia Gutiérrez Caba, Matilde Muñoz Sampedro, etc.
Adaptaciones TV:
1) Programa: Teatro de humor. Fecha de emisión: 19 jun 65. Intérpretes: Valeriano Andrés, Rafaela Apa­ricio, Ignacio de Paul, Joaquín Pamplona, etc.
2) Programa: La Comedia. Fecha de emisión: 25 oct 1983. Guión y realización: Gustavo Pérez Puig. In­tér­pretes: Jaime Blanch (Adolfo), Ma­nuel Ga­liana, Carlos La­rra­ñaga (Rodolfo), Ismael Merlo (Raimundo), María Garralón, Ma­nuel Tejada, Luis Barbero, Margarita Calahorra, Marta Puig, Encarna Abad, Carmen Merlo, Francisco Gambrea, Damián Velasco, etc.

Publicaciones:
- Tú y yo somos tres, Fantasía (Semanario de la invención literaria) nº 26, Madrid, 1945, 64 pags.
- Tú y yo somos tres, Biblioteca Teatral nº 79, Madrid, 1946, 71 pps.

- Agua, aceite y gasolina y dos "mezclas" explosivas más, Biblioteca Nueva, 1946, 2006.
- Obras completas, AHR, 1958, 1960, 1963, 1965, 1967, 1969, 1970, 1971, 1973.


LA CRÍTICA HA DICHO:

Hay en esta obra de Jardiel algo que destaca sobremanera: la generosidad, quizá fruto de su fe­cundidad de ingenio, del autor. En vez de ir dosificando con “suspense”-cuando él escribió no inventado- una situación que de por sí serviría para escribir una comedia, “destripa” rápida­mente la trama de la misma (los dos siameses) y, rico, en ideas, comienza a complicar más y más lo que está sucediendo en el escenario, hasta el punto de llevar al agotamiento mental a un espectador no siempre preparado para recibir tan a manos llenas varias cosas, a saber: inte­li­gencia, talento, humor, gracia a todos los niveles, argumento sobre argumento, ideas...Hay que ver, no una, sino varias veces, en la seguridad de que en cada ocasión le encontraremos matices nuevos, cada pieza de Jardiel.
(de un programa de mano)

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No es una de las comedias históricas de Jardiel; ni antológica. Sirve, en cambio, para ver, como en un modelo abultado, todos sus hallazgos teatrales y también muchos de sus defectos. La rapidez de entrar en una situación desde el momento mismo de levantarse el telón, la forma de resolver de manera original la inevitable escena de antecedentes, la entrada de lleno en la pre­sentación y el nudo de una manera original, las dificultades para los enredosos desenlaces, la in­sistencia en repetir todo tres veces (una, porque hay que decirlo; otra, para que se entere el público; la tercera, para que lo comprendan los críticos, decía él) que le hace tan reiterativo y a veces tan pesadote; el honrado deseo de hacer que lo inverosímil tenga una justificación...
(Eduardo Haro Tecglen)

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El autor califica a su nueva producción de “comedia psicoilógica”, no sólo por hacer un juego de palabras, en contraste con la engolada y pedante denominación de comedias psicológicas que algunos “talentos” dan a sus engendros, sino también para sugerir que no es en el plano de la corriente y moliente verosimilitud donde él busca la fuente de su inspiración y el efecto y re­sorte seguro, la espiral del muelle agilísimo, para su gran teatro, escrito con la intención de abrir caminos libres a la fantasía, de hacer reír y sonreír. [...]
En torno a la situación amorosa que centra la trama, tan divertida como la mejor de sus ante­rio­res obras, rondan y pululan los magníficos tipos de raíz cómica incomparable que hace nacer Jar­diel en todo el curso de la acción de sus comedias: el ayudante del cirujano, el periodista entusiasmado con su profesión hasta excesos casi infantiles, como lo somos todos los que tra­ba­jamos en los diarios; el portero a quien, como a Don Quijote los libros de Caballería, le sorben el seso las novelas policiacas -gran vicio de nuestro siglo-; la doncella aturullada de incon­fun­dible personalísimo sello jardielesco; el caballero que habla con gran lujo de adje­tivos, sutil ca­ri­­­catura de tantos de nuestros pedantes contertulios; los bomberos filosóficos, en contraste gra­ciosísimo con su arriesgada profesión, y el doctor que tiene debilidad por las mujeres rubias, aun en medio de los más agudos problemas de su carrera...
(Alfredo Marqueríe)

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