martes, 2 de marzo de 2010

El amor del gato y del perro - Datos técnicos

EL AMOR DEL GATO Y DEL PERRO
Paso de comedia.

A veces se nombra como El amor del perro y del gato

Nº de personajes: 2 (1 femenino + 1 masculino).
[Aurelia // Ramiro].

Escenario: Despacho, o estudio, o gabinete, o sala, o saloncito, o living room.
Época: Actual.
Secuencia temporal: Primavera; por la tarde.
Sinopsis: Dos personas dialogan sobre la felicidad, el amor y otros asuntos.
Argumento: Aurelia, muchacha de edad imprecisa, llega a casa de Ramiro, célebre escritor, con el fin de que éste le explique qué es la felicidad. Ello da pie para que conversen de diferentes cosas más o menos relacionadas con el mismo asunto, incluidos los gatos y perros, hasta que surge entre ellos la chispa del amor.
Desarrollo de la escena: Tras el saludo de los personajes, Aurelia expone la manía que tiene de no poder estar sentada mientras alguien permanezca de pie en su entorno. Ramiro le indica que el médico especialista de los nervios es en la casa de al lado, o en el piso tercero. Ella le comenta que es una característica de su familia el estar mal de los nervios. Ella se confiesa romántica y confiesa su otra manía: el ansia de ser feliz. Ramiro le quita importancia a esto último, por ser algo general de toda la humanidad. Hablan de los libros que Ramiro ha escrito y que ella ha leído todos, pero ella busca ciertas respuestas que no están en esos libros. Por ejemplo qué es la felicidad, qué es el amor, cómo influye la belleza en el amor, cuáles son los síntomas del amor, en qué se diferencia un seductor de un enamorado, y cómo se sabe si una persona está enamorada. Ramiro va respondiendo, exponiendo sus teorías, hasta que le explica la diferencia entre el amor del gato y el del perro. Antes de despedirse, ella le mira a los ojos y se adivina que se besarán de inmediato.

Comentario: Obra de escasa acción, aunque no por ello carente de interés. El personaje de Aurelia está mejor construido que el de Ramiro, quizá debido a sus pequeñas manías, que la acercan a la colección de tipos raros que pueblan las obras de Jardiel. Es ingeniosa la teoría que mantiene el escritor acerca de los perros y los gatos, en cuanto a su faceta de seres potencialmente capaces de dar o recibir amor, y que en definitiva constituye el motivo central de la pieza. Un detalle curioso es que se alude a un doctor Ataúlfo Pallejá, quien por cierto tiene un papel relevante en otra comedia de Jardiel, Blanca por fuera y Rosa por dentro.

Estreno: Teatro de la Comedia de Madrid, 5 de diciembre de 1945, con motivo de las 102 representaciones de El pañuelo de dama errante.
Reparto: Amparo Rivelles (Aurelia), Pedro Porcel (Ramiro).

Otros montajes posteriores:
- 12 mar 1967: Teatro Lara. Intérpretes: Ángel Picazo, Mª José Alfonso.
- 29 oct 1971: Ateneo de Madrid. Dirección: Modesto Higueras. Intérpretes: Rafael Samaniego, Paloma Paso Jardiel.
- mar 1980: Club Urbis. Dirección: José Francisco Tamarit. Intérpretes: Carlos Díaz, Lorena Alejandro.
- ene 1981: Teatro Alfil. Dirección: José Francisco Tamarit. Intérpretes: Irene Daina.
- jun 1992. Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla.
- 12 mar 1993: (Pontevedra) Espectáculo conjunto con otras piezas breves de Azorín, Benavente y Arniches.
- ca. 2001: dentro del espectáculo Humor se escribe con j. Dirección: José Francisco Tamarit. Compañía Acatap.
- 19 nov 2007: Teatro Gayarre (Pamplona). Dirección: Víctor Iriarte. Escenografía: Javier Sáez Istilart. Intérpretes: Nerea Bonito, Javier Baigorri.
- abril 2008: 1er Festival de Teatro de Salón (Sevilla): Dirección: Emilio Rivas. Intérpretes: Fran Allely, Linsay Álvarez.

Publicaciones:
- El amor del gato y del perro, Diario 'Madrid', 1945.
- Obras completas, AHR, 1958, 1960, 1963, 1965, 1967, 1969, 1970, 1971, 1973.
- Teatro español en un acto 1940-1952, Cátedra, (Letras Hispánicas), 1989.

Traducciones:
- Alemán: Wie Hund und Katz (Susanne Igler).

LA CRÍTICA HA DICHO:

Si un “diálogo” así lo hubieran escrito Oscar Wilde o Noel Coward, sería en España repuesto, recordado con especial deleite y conocidísimo por los amantes, profesionales o no, del teatro. Pero Jardiel Poncela era español y los españoles sólo se pierden en su país. Jardiel no se perdió en América -Hollywood-, donde quisieron retenerle, pero el virus de lo hispánico, que él padecía, acabó venciéndole. Por cierto que Noel Coward pudo conocer Un marido de ida y vuelta (1939) -se habló entonces de ello-, y esta comedia originar otra del autor inglés, que triunfaría más tarde en Madrid: Blithe Spirit (1941) (Un espíritu burlón).
El amor del gato y el perro atestigua, una vez más, la gran ternura por los animales que sentía Jardiel, visible en el “papel” que jugaron en no pocas de sus obras, siendo quizá “Josefina”, la mona amaestrada de Angelina o el honor de un brigadier, la más famosa. Jardiel “necesitaba ser amado” y, por lo tanto, prefería los perros. Se conservan fotografías de él con su perra Rosita y con el lobo Boby, que descansaba a sus pies en los cafés mientras el comediógrafo escribía, y cuyo dolor al morir su amo acabó con él dos semanas más tarde. Las gentes insensibles a perros y gatos son “siniestras”, “basuras de la Humanidad”: “no tienen nada que hacer en el mundo de los afectos”.
Lo mismo que tantos dramaturgos culpan parcialmente de pasiones ciegas al verano, Jardiel impulsa con la primavera la osadía de Aurelia, indicio de lo que parece su amor por Ramiro. Porque una mujer –o un hombre- con manías y, además, familia maniática, debería ir a un psiquiatra y no a la casa de un novelista, por muy técnico que sea en cuestiones de alma. Y aún más si en la casa misma del novelador viven dos especialistas de enfermedades nerviosas.
Una de las dos manías de Aurelia puede ser pura farsa: la de no soportar que alguien esté de pie cuando está ella sentada. Lo que, sin duda, desea es quitarle prisa a la entrevista, relajar a su interlocutor y llevarle a su terreno con tiempo por delante. Las alusiones a Don Juan Tenorio quizá nos den una clave de lo que ella busca y de lo que quiere la obra poner al día: una escena del sofá al revés, en que el entusiasmo y la iniciativa son de ella; donde la cabeza va por delante del corazón y el blandengue y ominoso sofá se cambia, de momento, por dos sillones asépticos. Conviene constatar, sin embargo, que esa primera manía de Aurelia quita recursos al comediografo y, formulado el capricho por ella, el autor no tiene otra defensa que la carga de interés que lleven las palabras. Pero Jardiel disfrutaba con el “todavía más difícil”, sin importarle sobre la marcha (no en este caso, claro) que el tercer acto tuviera o no “salidas”, es decir, consiguiera o no el aplauso final. De la segunda manía de Aurelia, “el ansia de ser feliz en amor”, nadie podría dudar lo más mínimo.
Ramiro Mendibarri no es, particularmente, jardielesco, sino, más bien, una creación tópica de alta comedia, pero Aurelia Morán tiene el sello inconfundible de su autor y pertenece a esa galería gozosa de mujeres que pasean sus manías con la misma naturalidad que el bolso y son hipersensibles, resueltas, capaces de olvidarse en escena hasta de su sombra o emitir un largo silbido, nada bucólico, de asombro o admiración.
(Medardo Fraile)

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Se trata de un texto breve, de gran comicidad. Aunque aparecen en él características del teatro de este autor, como son el gusto por lo inverosímil, el disparate o lo absurdo, está más cerca de un cierto realismo. El texto parece querer sólo entretener y apostar por la alegría de la vida y la esperanza en el amor. Llega con facilidad a todos los públicos. Cabría preguntarse si textos como éste ayudarían a romper la reticencia del público a ir al teatro, sacando a éste de los círculos, siempre minoritarios, de los ya iniciados.
(Mari Paz Grillo Torres)

3 comentarios:

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